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Cuando ya estamos en Hungría.
Lo más importante es respetar los límites de velocidad, aunque nos parezca una tontería viajar con la velocidad de 40km/h por los terrenos deshabitados a las dos de la noche. Los policías a menudo se esconden detrás de las curvas y paran a los que exceden el límite. Todo esto está causado por querer cumplir las normas de seguridad. La mayoría de las carretera húngaras carece de arcén, y los ciclistas prefieren circular por la mitad de carril y en muy pocas ocasiones ceden el paso a los coches.
En Budapest se caracteriza por organización del tráfico diferente de otras ciudades europeas por causa de existir varias calles de dirección única o de un solo carril. Los conductores deben acostumbrarse sobre todo a cuidar las señales del tráfico que aparecen en las cruces y marcan la dirección en la que hay que girar (los azules con la flecha blanca). En muchas ocasiones cada carril está destinado para coches que van en direcciones opuestas, además para cada carril hay luces de tráfico separadas. Debajo de cada luz encontramos las señales reiteradas
En Budapest a menudo nos encontramos con las señales de obligación o restricción del paso. Puede ocurrir, que tenemos que cambiar la ruta previamente planeada ya en la primera cruce, por eso es aconsejable preparar algunas rutas alternativas o, por lo menos, mirar bien el mapa antes de salir de casa. Si viajando por la ciudad nos encontramos con las siguientes restricciones del giro a la izquierda, en vez de lamentar podemos dar una pequeña circunvalación girando a la derecha, luego dos veces más a la derecha y pasando el cruce todo recto.
Cuando abandonamos las ciudades debemos prepararnos a viajar por las carreteras estrechas y sin arcén, y en general a las condiciones malas de conducir. Las vías están llenas de coches viejos de la época comunista y de camiones, lo que vuelven el adelantamiento una maniobra muy peligrosa. Hay que quedar tranquilo, ni siquiera en la situación de seguir lentamente a un TIR sin posibilidad de adelantarlo por muchos kilómetros.
Si pasamos por los pueblos y ciudades pequeñas y seguimos las señales informativas del color verde (que nos dan información sobre los nombres, direcciones y distancias) hay que recordar, que los Húngaros suelen reiterarlas por lo menos dos veces. Eso significa, que en muchas ocasiones las placas no se refieren al próximo cruce en que se encuentran, sino se refieren al otro más lejano (donde están repetidas). Por eso resulta innecesario frenar de repente el coche y ponerse nervioso por pasar el giro. Si no hay otra cruce en la distancia de 100-300m, éste es el momento de dar la vuelta.
Los Húngaros suelen ser unos conductores bien educados y cuando ven un vehículo con matriculas extranjeras, se ponen todavía más tolerantes. Especialmente en las ciudades cedan el paso y no se ponen nerviosos si no avisamos nuestras maniobras con suficiente antelación. Pero esta buena educación desaparece con la llegada del noche, sobre todo si viajamos fuera de las ciudades. Muchos conductores usan las luces altas y no suelen apagarlas viendo aproximándose de la dirección opuesta un vehículo, ni siquiera cuando se lo pide vacilando con las luces propias. Todavía peor cuando un conductor, utilizando este tipo de iluminación, sigue detrás del nuestro coche - por entonces lo único que podemos hacer para evitar el peligro es... dejarle adelantarnos.
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