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"Visegrád" fue el nombre de la sede real que se encontraba en esta ciudad en la época medieval. La palabra significaba "el castillo alto", porque el rey Béla IV decidió construir la fortaleza en la cima del monte. El jefe del estado, recordando la invasión de mongoles, ordenó fortificar la zona norte del país. Junto al castillo real en Visegrád fueron construidas la torre de Agua y la Torre de Salomón, que unidas por una muralla formaron un conjunto de edificios de carater defensivo. Hoy podemos visitar el palacio por una pura casualidad - después de la edad media el castillo fue abandonado. La tierra con las piedras que caía del monte lo cubrió sin dejar ninguna prueba de su existencia [por debajo]. Los historiadores del siglo XIX dudaron si el castillo alguna vez había existido, pero en 1934 un arqueólogo inesperadamente descubrió una cripta. Entonces empezaron las obras de la excavación y reconstrucción del castillo.
Ahora ya sabemos que el palacio real fue construido en la época del reinado de Robert Karoly y que se encuentra al pie del monte. Los turistas a menudo lo confunden con una fortaleza restaurada del carácter defensivo edificada en la cima de la montaña. En 1335 en el palacio se encontraron los actuales reyes de los países de Europa Central y el jefe de la orden de los caballeros teutónicos para discutir los metodos de defensa contra la dianastía de los Habsburgos. Un encuentro semejante se celebró en 1991, cuando a Visegrád vinieron los primeros ministros de Hungría, República Checa y Polonia para firmar un tratado de cooperación.
A las ruinas del palacio podemos entrar por medio de la calle Fõ. En los últimos años el Gobierno dedicó mucho dinero para las obras de renovación del monumento. En presente en el lugar, donde hace poco años se encontraban las ruinas, hoy en día se levantan las murallas del castillo renovado. Parece extraño que las paredes están pintadas de blanco, pero el hecho está relacionado con las obras que se continuan. Ahora se moderniza el edificio de la sede real, pero en futuro quedara reedificada también la capilla real y los almacenes reales. Si queremos conocer los planes relacionados con la obra de modernización, podemos hacerlo dentro de una de las cámaras restauradas - hay un ordenador con programa que muestra detalladamente los trabajos próximos. Cada domingo la entrada al palacio es gratuita, pero visitándolo el otro día vale la pena pagar por el billete para pasear por el precioso patio interior adornado con la Puente de Leones esculpida en mármol rojo.
La fortaleza en la cima del monte es una citadela, a menudo confundida con el palacio real también por los húngaros. Originalmente sirvió como el tesoro real, donde se guardaba la hoyería de los reyes. Por desgracia toda desapareció en el siglo XVI, aunque el bastión fue considerado por el sitio más seguro de Hungría. Hoy vale la pena subir la montaña para conocer el bastión y admirar la preciosa vista panorámica del meandro de Danubio. En las habitaciones reconstruidas hay una exposición de figuras de cera que representan la vida cotidiana de la gente en la edad media, los turistas pueden conocer también los instrumentos utilizados por los verdugos durante las torturas.
Hay que mencionar la torre de Salomón, donde se encuentra el Museo de Matías. Su exposición está compuesta por los objetos encontrados por los arqueólogos durante las excavaciones. La torre fue levantada en 1250 y tiene 32 metros de altura. En los períodos de guerra en sus paredes se escondían los ciudadanos. Más al norte hay unas ruinas de los edificios construidos todavia en la época romana.
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