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Hungría es un país situado en la región geográfica que favorece al desarrollo de viniculturas y producción de vinos. La temperatura anual media oscila entre 11 y 16oC; los suelos muy fértiles y el número de horas solares alto permiten cultivar diferentes tipos de uvas. Al aumento del consumo de vino en la última década acompañaba el cambio de normas generales relacionadas con el consumo de alcohol: los vinos de peor calidad se sustituían con productos domésticos de cada vez mejor calidad, que cada año conseguían más interés y aprecio de los profesionales vinicultores y consumidores en todo el mundo.
En la opinión de los historiadores, los tribus de Magiares conocían el vino ya antes de llegara a la Gran Llanura. Esa hipótesis prueba el vocabulario, o sea las palabras "vino", "uva" y "hez", que se derivan del idioma turco antiguo. Pero los Magiares no sabían los secretos de la producción de este alcohol - lo conseguían durante las guerras, robando las sedes enemigas. Los primeros cultivos de vid aparecieron después del establecimiento del estado húngaro.
Desde el período del reinado del rey San Esteban, la vinicultura se convirtió en un ramo de economía medieval muy importante. Aunque invadiendo el país los Mongoles destruyeron una gran parte de viñas, Hungría logró reconstruir los cultivos. El rey despidió a los cultivadores de la obligación de pagar los impuestos, dándoles tiempo para recuperar sus viniculturas. Gracias a esa decisión ya poco después, durante el reinado de la dinastía Anjou, comenzó el proceso del desarrollo de enología y comercio de vino. Por supuesto era el rey quien promulgaba los permisos de establecer los cultivos y vender el alcohol producido, así como determinaba el alcance de los deberes ante el tesoro real.
La invasión turca del siglo XVI frenó el proceso del desarrollo de viniculturas. Los propietarios de viñedas no tenían que preocuparse por el peligro de perder la vida (a los Turcos les gustaba mucho el vino húngaro), pero las tropas de militares destruyeron una gran parte de cultivos. Pero los que conocen bien los vinos magiares saben, que si no hubiera sucedido el ataque turco, en presente no habrían bebido el famoso Tokaj Aszú. Resulta que un año los soldados pasaban por las tierras de Zsuzsanna Lorántffy. El jefe de sus viñedas, Máté Laczkó Sepsi, asustado por la presencia de las tropas militares, decidió esperar con las cosechas hasta que se fueran. Las uvas maduraban en las pendientes hasta la mitad de octubre, cuando prácticamente secaron en el sol. Después de recoger racimos no había otro remedio que seleccionar las uvas más secas, separarlas, aplastarlas y meter al zumo recibido de los racimos más suculentos. Así surgió una de las variedades más conocidas y más apreciadas de los vinos de Tokaj.
El vino Tokaj pertenecía desconocido hasta el siglo XVIII, cuando comenzó el levantamiento de Rákoczy. Este jefe militar, buscando apoyo entre los monarcas europeos, a cada carta enviada a los soberanos con la petición de ayuda, adjuntaba una botella del vino. Aunque su método de ganar partidarios resultó inútil, logró hacer famoso el vino húngaro a lo largo de Europa. En este momento la exportación de Tokaj aumentó tanto, que ni siquiera la emperadora María Teresa de Habsburg logró frenarlo. Su orden, según que una botella con vino húngaro podía ser exportada solamente después de la venta previa de un número determinado de las botellas con alcohol austriaco, nunca se cumplió y no disminuyó el interés sobre el producto magiar.
En la mitad del siglo XVIII, cuando todavía nadie conocía el nombre francés "Champagne", los vinos húngaros se usaban en las cortes europeas para producción del champán. En todo el país se desarrollaba un nuevo ramo de producción de este alcohol (sobre todo en los terrenos que pertenecían al príncipe Esterházy y la familia Grassalkovich) y la primera empresa embotelladora de champán se estableció en la provincia Pozsony. Al mismo tiempo se ampliaban las viniculturas, para reaccionar en contra del disminuyo de la exportación del alcohol relacionado con la influencia de guerras de Napoleón a economía del país. Según las intenciones del conde István Szechenyi, la mayor eficacia de producción y mejor calidad del alcohol iban a sanar economía de Hungría. Por su parte, el conde a menudo pagaba por las instalaciones y novedades técnicas que aumentaban la operatividad de las manufacturas. También organizaba los cursos educativos para los futuros productores de vino.
La actividad del conde proporcionó varias ventajas al país - en 1863, durante el Expo Mundial en Hamburg, el comitato Tokaj-hegyaljai se proclamó la mejor región de la producción del vino, y en la década entre 1870 y 80 Hungría era el tercer país exportador de este alcohol en el mundo. En 1873 los productos magiares consiguieron la medalla de oro en la exposición en Viena, un año más tarde - en Londres y en 1879 - en Paris. Por desgracia, poco después sucedió la epidemia de filoxera, que destruyó aproximadamente 70% de los viñedos. Los cultivadores lograron recuperar sus viñas al final del siglo.
El tratado de Trianon, firmado en 1919, tuvo un impacto muy fuerte a la industria vinícola. De acuerdo con el documento, Hungría perdió unos 70% de su territorio, que significaba la perdida de unos 30% de cultivos de viña. La caída de la monarquía y la situación económica desastrosa frenaron el desarrollo de este ramo de producción. Comenzó la crisis más tremenda en la historia de la enología. Después de la segunda guerra mundial aparecieron los vinos fingidos (llamados también "baratos"), de muy mala calidad y precio bajo. La situación cambio en la década de 70, cuando de repente el mercado oriente resultó muy interesado en la compra de vinos de buena calidad. La exportación sucesivamente aumentaba hasta los noventa, cuando sucedieron los cambios políticos y el mercado oriente dejó de existir. Inesperadamente resultó posible dirigir la producción a los mercados de los países de Europa Occidental. La buena calidad y precio respectivamente bajo hacen el vino húngaro un alcohol apreciado en todo el mundo.
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